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HISTORIA DE

SAN AGUSTÍN DE HIPONA

San Aurelio Agustín de Hipona fue uno de los pensadores más influyentes del cristianismo y de la filosofía occidental. Nació en Tagaste, en el norte de África romana (actual Argelia), en el seno de una familia marcada por dos influencias decisivas: su madre, Santa Mónica, cristiana ferviente y perseverante; y su padre, Patricio, pagano durante gran parte de su vida.

Desde joven destacó por su brillantez intelectual. Estudió retórica en Cartago y aspiró al prestigio propio del mundo romano. Sin embargo, tras sus éxitos académicos se escondía una profunda inquietud interior. Durante años buscó la verdad en distintas corrientes, especialmente en el maniqueísmo, que prometía explicar racionalmente el problema del mal. Más tarde, el neoplatonismo le ayudó a comprender una dimensión espiritual de la realidad y a reconciliar razón y trascendencia.

Imagen generada por Inteligencia Artificial.

El momento decisivo de su vida ocurrió en Milán, en el año 386. Influido por la predicación de San Ambrosio y atravesando una intensa crisis interior, escuchó en un jardín una voz que repetía: “Toma y lee” (Tolle, lege). Al abrir las Escrituras y leer a San Pablo, comprendió que debía abandonar su vida anterior. Aquella experiencia marcó su conversión definitiva. Fue bautizado en 387.

Desde joven destacó por su brillantez intelectual. Estudió retórica en Cartago y aspiró al prestigio propio del mundo romano. Sin embargo, tras sus éxitos académicos se escondía una profunda inquietud interior. Durante años buscó la verdad en distintas corrientes, especialmente en el maniqueísmo, que prometía explicar racionalmente el problema del mal. Más tarde, el neoplatonismo le ayudó a comprender una dimensión espiritual de la realidad y a reconciliar razón y trascendencia.

De regreso a África, fue ordenado sacerdote en 391 y posteriormente nombrado obispo de Hipona, cargo que ejerció hasta su muerte. Como pastor y teólogo, defendió la fe frente a diversas controversias y desarrolló una reflexión profunda sobre la gracia, el libre albedrío, el mal y la relación entre fe y razón.

Entre sus obras más importantes destacan Confesiones, considerada la primera gran autobiografía espiritual de Occidente, y La ciudad de Dios, donde propone una interpretación cristiana de la historia en medio de la crisis del Imperio Romano.

El núcleo de su pensamiento se resume en una de sus frases más célebres: "Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti. "San Agustín murió el 28 de agosto de 430, mientras Hipona era sitiada por los vándalos. Su legado atraviesa los siglos porque su vida no fue la de un hombre sin conflictos, sino la de un corazón inquieto que buscó la Verdad hasta encontrarla.

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Del Conocimiento a la Sabiduría

El Camino Agustiniano

Para San Agustín, la educación no se reducía a la mera adquisición de conocimientos intelectuales, sino que constituía un proceso orientado a la transformación moral y espiritual del ser humano. Consideraba que el fin último de la educación era la búsqueda de Dios y la configuración del carácter conforme a los principios cristianos. Esta concepción se refleja con claridad en su obra Confesiones, donde expone su propio itinerario interior y muestra cómo el conocimiento auténtico conduce a una renovación profunda de la persona.

Asimismo, Agustín subrayó la relevancia del maestro en el proceso educativo. Sostenía que el educador debía ser ejemplo de virtud y sabiduría, capaz de orientar al discípulo en la búsqueda de la verdad. Desde esta perspectiva, la enseñanza no consistía únicamente en transmitir contenidos, sino en acompañar al estudiante en su formación integral, promoviendo tanto el desarrollo intelectual como el crecimiento moral.

Del mismo modo, defendió la universalidad del conocimiento y la necesidad de que la educación estuviera al alcance de todos, independientemente de su condición social o económica. En este sentido, anticipó una visión de la educación como derecho fundamental y como instrumento para el perfeccionamiento pleno del ser humano.

Un período decisivo en la configuración de su pensamiento fue su estancia en Casiciaco (actual Cassago Brianza, Italia), donde se retiró durante el proceso de su conversión al cristianismo. En este entorno de recogimiento, se dedicó al estudio, la meditación y la escritura, distanciándose de su vida anterior y profundizando en cuestiones filosóficas y teológicas fundamentales.

Durante su permanencia en Casiciaco redactó algunas de sus primeras obras, como Contra los académicos y De la vida feliz. Estos escritos evidencian la influencia del neoplatonismo, particularmente de Plotino, cuya filosofía le permitió articular una síntesis entre fe y razón. En este período comenzó a desarrollar conceptos centrales de su pensamiento —como el libre albedrío, el problema del mal y la doctrina de la gracia— que posteriormente consolidaría en obras mayores como Confesiones y La ciudad de Dios.

Casiciaco representó, por tanto, una etapa decisiva en su maduración intelectual y espiritual, sentando las bases de lo que lo convertiría en uno de los más destacados teólogos y filósofos de la tradición cristiana.

Creación del

Colegio San Agustín

El Colegio San Agustín fue creado en la ciudad de Cochabamba en 1954 por los frailes holandeses de la Orden de San Agustín, con el propósito de aportar de manera significativa al desarrollo educativo del país.

Su creación fue concebida no solo como una respuesta a la demanda educativa, sino como una propuesta orientada a brindar una formación de calidad, integrando el conocimiento académico con valores humanos y principios agustinianos.

Mediante el Decreto Supremo N.º 64314, emitido el 21 de octubre de 1954, se autorizó oficialmente su funcionamiento bajo el nombre de “San Agustín”.

El colegio inició sus actividades académicas en 1955, con un grupo inicial de 25 estudiantes y seis cursos del nivel secundario, funcionando en sus primeros años en instalaciones provisionales dentro del convento.

Con el paso del tiempo, la institución consolidó su infraestructura, incorporando laboratorios y talleres, y formando su primera promoción en 1960.

A lo largo de su historia, el Colegio San Agustín ha destacado por su espíritu innovador, siendo pionero en iniciativas educativas y en la integración de enfoques técnicos y científicos, manteniendo siempre como base la formación integral de sus estudiantes.

En 1992, la administración y gestión del colegio fue transferida a la Fundación Educacional San Agustín (FESA), dando continuidad a su misión educativa con una visión renovada hacia el futuro.

Mapa

Colegio

Perfil

Estudiante Agustino

“Conócete, acéptate y supérate” es la esencia agustina.

El ethos de los estudiantes agustinos está caracterizado por su formación y comportamiento, mismo que se fundamenta en valores y principios sólidos que incluyen la vida en comunidad, la amistad, la corrección fraterna, la búsqueda de la verdad y la solidaridad. Así, los estudiantes agustinos se convierten en líderes éticos y reflexivos, capaces de adaptarse y generar cambios positivos en su entorno, siempre actuando con honestidad y consideraciones éticas.

Valores

Agustinianos

CORRECCIÓN FRATERNA

La corrección fraterna no es una reacción a una ofensa recibida, sino que está animada por el amor al hermano. Comenta San Agustín: «Quien te ha ofendido, ofendiéndote, ha inferido a sí mismo una grave herida, ¿y tú no te preocupas de la herida de tu hermano? El sentido no es buscar qué podemos reprochar, sino ver qué podemos corregir, en el marco del diálogo fraterno dirigido por el amor.

BÚSQUEDA DE LA VERDAD

En su juventud, San Agustín intuyó que el ser humano puede conocer la Verdad si la busca. Él mismo se afanó en dicha búsqueda toda su vida; la verdad es algo vital para toda persona, pues en ella se juega su felicidad. Afirma que, quien busca la verdad es el sabio. No se busca un conocimiento meramente empírico, sino un conocimiento como sabiduría. Esta verdad necesariamente tiene que ver con la Verdad, que es Dios. Por ello, para poder conocer esta verdad no basta con la sola razón, sino también requiere de la fe.

AMISTAD

La persona humana, por su misma naturaleza, tiene absoluta necesidad de la vida social. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y lo capacita para responder a su vocación. Ahora bien, en la relación amistosa, o al menos en el intento sincero de hacer amigos, es donde la persona humana alcanza a satisfacer esa necesidad, que bien puede ser considerada como una de sus necesidades primarias.

VIDA EN COMUNIDAD

La comunidad es el eje en torno al cual gira la vida religiosa agustiniana: una comunidad de hermanos que viven juntos en armonía, unidos por una sola alma y un solo corazón, buscando juntos a Dios y abiertos al servicio de la Iglesia. Esta comunidad es fruto de la caridad y se expresa en la amistad, que produce y alimenta la lealtad, la confianza, la sinceridad y la comprensión mutua.

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